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4月29日 Y, sin embargo...¿No os ha pasado alguna vez el estar viendo una fotografía y, de repente y sin previo aviso, vislumbrar un destello de paz, de serenidad, de olvido incluso? ¿No habéis hecho esfuerzos titánicos por contener ese sentimiento, abrazándolo, dejándo la mente en blanco, intenntadndo apresar lo que no es vuestro, lo que no es mío, y se va, dejándonos un sabor de boca agridulce, a ausencia y a promesas mancilladas por el teimpo? Hay una escena, casi al final de la película, en la que Tarantino deja caer su cuerpo a plomo sobre un sillón de escritorio, de oficina. Intenta aposentarse, pero es torpe, y sus movimientos no le permiten asentarse con al suficeitne soltura. Hay algo en la fatiga de sus gestos, en la manera no cansina, sino cansada, frágil, puede que derrotada incluso, de acomodarse, que transmtite al espectador un sopor y una frustración tremenda. Y sin embargo, y sin embargo... Lo hago. 4月12日 IconoclastaEnsangrentada, pútrida y lacónica, salgo de un blog y google me lleva
de vuelta, con estas tres palabras, al punto de partida. Cierro los
ojos, los abro, parpadeo furiosa, herida en mi orulllo por haberme
impreganado lo suficente de las sílabas ajenas como para remontar mis
pasos hasta el origen... hasta sus letras. Cabrón, ¿Cómo puedo leerte si lo que escribes es tan absolutamente descarnado que hiere? Es muy sencillo, es esa pasión, nunca mejor empleado el término, que destilas una y otra vez, cada poro uno línea, cada línea un poro, una embestida, un vaivén que reordena tú mente ausente, esciribiendo con la p... Sabes, Iconoclasta? Me hieres la moral, la hieres de una manera demasiado frívola (que equivocada estoy utilizando esta palabreja ahora), despervendia, pero no insulsa. Incluso aquí tengo que contenerrme, contaminada como estoy por tus palabras. Me hieres la moral y mis creencias, y, sin embargo te leo... Sabes porque? Y como no vas a saberlo, si ya te lo he dicho? Por la pasión que destilas. En un mundo en el que tantos escriben con el ego sobre el tapé, es bueno de vez en cuando ver un poco de apasionada autenticidad en juego, indiferente al juicio emitido por los espectadores empalmados de tus textos, puro deseo, puro sexo descarnado. Me hieres en el alma, me ofendes con tu forma de exponerlo todo, de plasmarlo crudo y duro, hierro candente, si pudiera evadirte y no leerte... y, sin embargo, vuelvo y regreso, con solo tres palabras: ensangrentada, pútrida y lacónica agonía, caliginosa oscuridad, que a ti me reconduce, a tu pozo oscuro, húmedo, de sexo y cadenas, donde los limites pierden conciencia y la poesía se rige por un vaivén de enamorados sin constricciones ni moralinas que aten sus pason por cerros desalmados... ¿O es tal vez todo lo contario? |
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