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12月27日 fruslerías pedantesA mi alrededor todo es penumbra. Una luz mortecina se filtra a través de los visillos de las persianas; una luz de ecatombe o una luz de muerte estática, no soy capaz de discernir si es una u otra, la penumbra es un cangrejo y siento sus pinzas enclavadas en la hendidura de la espalda dejada por los omoplatos. A mi alrededor todo es penumbra, solo esos hilillos de luz derramada, tal vez si me muevo dejaré de ser una pantalla, o una mota en la pantalla, para cobrar consistencia en esta especie de juego de luces y sombras nocturnos. La farola encendida y los pies fríos sobre el mármol, sentada en el suelo del hall solitario estudio la posición de los muebles, de la luz que entra a través de los visillos, estudio los ronquidos distantes y tan cercanos del resto de los habitantes de la casa, noto la piel fría sobre el suelo mármoreo, noto las uñas ganar terreno en la piel, noto la cabeza como una gran cacerola hirviendo que pide clemencia. ¿Por qué me hicisteis de metal? Pregunta. Yo jamás pedí conducir el calor, ahora el calor se ha impuesto, solo lo siento a él y he olvidado de qué material estoy hecha. Levanto el cuerpo, me yergo, estatua marmórea sobre la superficie cálcica del suelo. Camino y avanzo, proyecto mis sombras en la penumbra de la casa abandonada, pensando en el frío de las plantas de los pies, que enraiza ahí y va subiendo con la savia hasta la cabeza, pero la temperatura no baja, permanece alta, abrasadora. Taciturna, diría, pero no es así, los ojos son dos cuencas dislocadas que miran al vacío, a la penumbra o a la luz mortuitoria que se filtra por entre los visillos de las cortinas. En momentos así recuerdo que estoy viva, cierro los ojos y suspiro, y hurgo en esos recuerdos que renacen en mi mente. Receurdos de fantasmas que nunca vinieron. Pero no ahora, ahora no, ahora solo camino inánime, inerme, por entre las sombras y las luces, juegos de haces que viven a costa mía, para llegar a la puerta y plantar las manos, alícaidas, sin temple, sobre la madera corroida por el tiempo, inchada. Soy parte de este juego de marionetas, soy parte de esta locura, soy parte de esta intranscendencia en la que la necesidad, la moral y los reglas juegan su juego para intentar distraer a los anárquicos contrincantes de que no hay sentido más allá del corroido tablero de madera. No puedo salir, la madera está inchada. Forcejeo durante largos minutos hasta que por fin cede, y el aire es una bocanada fresca en las cuencas vacías de mis o jos, y el aire reconduce las ideas abrasadoras por las vías pertinentes. Escalón a escalón, desciendo. La luna brilla y es un círculo coronado de estrellas. La lune y su luz lechosa que derrama en el suelo la burla del día, la burla de la noche principesca, y son mis pies descalzos de princesa sobre los escalones helados los que marcan en su descenso el ritmo nocturno de esta beleidad de luna. Caliginoso el cielo, las nubes y mi aliento. PUedo ver las pompas flotando frente a mí, una arcada de asco, de miedo, se desprende de lo más hondo de mi estómago. Me pliego como un acordeón y emito un débil sonido, de arcada, vomitivo, sobre la superficie antaño impoluta de los escalones helados. MI mano roza la barandilla, resbala y aprieto el paso en mi imaginación. En la realidad sigo plegada y sola, como una niña castigada a permanecer mirando el cielo para reconocer qeu las nubes son solo agua. Miro y veo formas, mis ojos son ya dos orbes descomunales y enrojecidos,pero sigo viendo formas, figuras, que no logro concretar en palabras. gotas, eso seguro que no, las gotas son solo pérdidas de una piscina enorme donde yacen los sueños que vomito ahora sobre el mármol bañado por la superficie lechosa de la luna. De la garganta brotan lágrimas. Otro gemido. ME repliego más, mi nariz, mujer a una nariz pégada se era, roza la baranda de metal, esta vez sí, identificada. Vomito lágrimas pro la boca, la boca del estómago cerrada, en algún lugar de mi interior se ha debido de producir un cortocircuito, mis músculos jovenes están en posición de estampida inminente, y yo solo vomito las lágrimas, que van a dar con los haces que, esta vez, forma la salva de ramas y zarzas del descuidado jardín invernal. Mis pies son ahora cubitos de hielo, mi aliento es solo una nube, pequeña, de gotas saladas que se desprende de mis labios y sube como un globo inchable hasta chocar con mi nariz, que la frena y pone freno a un ascenso que las leyes de la física no permitirían si no fuese por el calor que mi cuerpo ha impreso en las motitas que mis ojos nublados, cuencas dislocadas, ya no ven. POr fin me siento, terminada la vomitona, sobre los escalones de mármol, dejándodo que la luna me riegue, sin hacerle caso, ignorando a la muy puta y a su traidor luz que no deja que ni de noche me olvide de que la vida es real, de que la necesidad y la moral son reales, de que la partida está dispuesta y yo soy una ficha con derecho a movimiento. Solitario movimiento este. Me siento y respiro. Mis pezones son dos dagas y me duelen al contaco con la superficie áspera de la camisa, Lloro sola sin saber por qué. Lloro por estar sola, porque siempre, y solo en soledad, encuentro que no tengo que fingir que guardo algo que no sean lágrimas dentro de mí. Entonces viene el día, me coge desprevenida, mis labios amoratados son la prueba de mi transochadora borrachera. La nocturnidad del gato que me espió desde la rama del árbol del jardín, elemento de la salva de árboles y zarzas, vegetación fingida de la naturaleza domesticada, es ya solo una sombra que se escurre como se escapa su rabo entre las flores. Tengo ganas de romper a pedazos esta retahíla, pero solo miro el sol y dejo qeu mis pupilas dejen de recibir nada que no sea noche. En la luz veo la sombra, y ya no me importa el frío, porque la mañana me trajo el regalo que me negó la luna: el olvido. 12月19日 connerieC'est trop facile d'ignorer que je suis un être vivant et que, puis que je suis vivant, je peux trouver quelqu'un avec qui parler si j'en ai vraiment besoin. Mais je souhaine quelque chose de plus. Je souhaine quelqu'un qui pourrais remplacer mon âme dans cette caricaturesque saloperie de vie dans laquelle je suis inmerse. Je me sens ébahir quand je trouve quelque part dans moi-même ces mots qui se sont couchés pour ne rien avoir avec ma vrai connaissance du monde. Je ne dit que d'incongruités, je sais, ce pour cela que je suis ici, pour parler sans rien acquérir, seulement pour le plaisir d'écouter le mots silencieux qui se coulent par terre comme de la nouriturre épaise, une fondue de chocolat qui me permet d'oublier que le monde est trôp grand, que mes plaintes ne vont plus aller au-dèla de cette space, que c'est de la connerie d'écrire sans rien acquerir, et, cela va sans le dire, c'est pour ça que je me taisse, honteusse de mes propes larmes d'estupide. Gamin comme je suis. Allez, laissez-moi tranqulle, tristesse, putain de vie. 12月10日 jEstoy un poquito cansada, solo un poquito. Uno no tiene que ir persiguiendo a nadie, ni rogando, ni lamiéndole el culo a nadie... pero... mi madre lo hizo, la hace, me agarró cuando ya no podía más, me sacudió, me dijo: arriba pero yo no soy la madre de nadie. Nunca lo he sido y, sin embargo, insito en actuar como tal. mejor me callo. estoy cansada de hablar sin decir nada, de actuar sin hacer nada. solo cuando logro arrancarle una sonrisa a mis pómulos después de diez horas de trabajo y dar un gracias desmayado, o conseguir hacer un giro de cintura mientras paso la fregona al ritmo de la música, me doy cuenta de que, tal vez, y solo tal vez, este mundo no esté tan mal... Censura?Resulta que las fotos que colgué, en las que figuraban mujeres durmientes, con el rostro ido, los párpados cerrados, eran pecaminosos. senos al aire, qeu pecado, y viene windows live, deja entrever su presencia, y te censura. O quitas o cierro, así de simple. Y yo me callo y retiro las foticos, incluida la de un niño que descansa en su mundanal abismo, o lejos de el, en ese lugar de helados, de deseos cumplidos, que son los sueños. Ya no está ahí, el niño. ¿Por qué iba a permanecer cuando la joven de pechos altaneros y jóvenes, durmiente, ajena a lo sensual de su pose, es considerada pecaminosa, cercana a la pornografía, por qué un cuerpo infantil es menos culpable qeu el de una mujer madura? bueno, a mí no me lo digan. no lo entiendo 12月6日 no puedo contenrlo... de ahí su torpezaHay algo precioso en la tensión contendia. No sé si os habréis fijado, pero a mí me fascina. Es esa energía que se palpa más allá de la superficie, que imprime a los gestos, a los actos, a los bailes, una sintonía interna, una fuerza que parezca que en cualquier momento romperá las bisagras, bien engrasadas, que transforman la energía incontenible en pura vida. Es fascinante, porque si a la energía se le da rienda suelta, así, sin nada que la conenga, todo parece torpe, joven, primerizo. Es esa contención bien entendida la que le da la gracia que nos permite acongojarnos ante un cuadro que lo refleja, tensar lso músculos lo mínimo y lo máximo, lo que es permisible, en un baile, o prolongar una caricia hasta la locura, pero sin pasarse... Me fascina, me fascina, me imagino una gota de sudor en la sien, resbalando, espesa, hasta la pupila abierta, me imagino que se cuelga del mentón, y puedo ver un cuerpo que sufre de puro placer y entrega. Es un milagro. Es un milagro hermoso. PD: resultado. tercera fotografía del 30 de noviembre. 12月4日 chorradasY si no veo que la muerte es una sombra,
es porque solo veo mis harapos, el tul de niebla espesa y humo denso que cubre mis párpados cerrados ¿pero quién me dice que los días,
que ya cuento entre mis manos como cuentas seguras de un rosario, son verdad y no se irán tan pronto abra los ojos con el alba, despedida la agonía de mis sueños?
Nadie. 12月3日 Mas recuerdosHay noches, como la de hoy, en las que me da por recordar. El problema es que uno vadea terrenos pantanosos cuando recuerda en público... ¿Qué publico, qué me callo? Podría no tener ningún escrúpulo y contarlo todo, pero todo no se puede contar, porque el tiempo no da y perderíamos el tiempo contando y sin vivir, y eso no me apetece ni un ápice Por eso no lo cuento todo, por eso y porque hay cosas que es mejor que se queden en la intimidad... Además, si solo recuerdo para olvidar, en este caso olvidar el presente, y poder sumergirme en los sueños de un pasado, ¿Qué más dá lo que recuerde? Cualquier cosa vale... Recuerdo... pasillos largos, perdida en esos pasillos, con el suelo oscilando bajo mis pies... estoy en un crucero, no recuerdo en cual de ellos. recuerdo... mi nariz taponada, mi primer beso sin poder pronunciar palabra de lo afónica que estaba... y lo contenta que estaba. Recuerdo... todas mis fantasías, mis fantasías cumplidas y la mayoría flotando en la nebulosa de lo probable y, para que negarlo, lo imposible... Recuerdo... todas las horas que me pasé memorizando textos. todas las horas que me pasé leyendo las veces que lloré delante de aquellas páginas recuerdo... mis paseos, mis fantasías... siempr andando, andando, para no llegar a ninguna parte mis incursions en cafés, solitaria... ahora acompañada por esas palabras: si te hablan, che, contesta, puede que al principio te moleste su presencie pero no hay cuidado, ya verás como al final comprendes por qué te platican... y acabarás respondiendo, ya verás. recuerdo... expectativas, siempre expectativas. Una de las cosas que aprendí pronto es a esperar, a tener paciencia, a perseverar y, también, a no crearse espectativas desmesuradas... pero a no dejar de crearse espectativas. Creo que lo más difícil es aceptar que tus expectativas no son más que eso, expectativas, y afrontar de una vez por todas la realidad... pero, yo venía aquí a olvidar... sumergámonos de nuevo en mis recuerdos recuerdo... un tren, un tren a Praga, un tren y una ventana abierta, el aire entrando fuerte, levantandome el pelo corto y nublándome la visión. Recuerdo esos besos robados, esquivos, para que no hubiera inspector que nos viera, y las risas de esa pequeña victoria lanzada al viento de los quilómetros que nos separaban de la frontera con la República Checa. Receurdo la torre Eiffel, recuerdo una guitarra que me seguía a todas partes, esa guitarra con todas esas conciones, esa guitarra que se pasó una semana arrancando notas para regalarme una, genuina, hecha especialmente para mí. recuerdos sabor sandía. Sandía en París, con la guitarra, y Sandía en Viena, ese segudno día, después de haber jugado al boleibol sobre arena en aquel espacio habilitado al lado de la parada de metro... qué fácil entrar al metro en esa ciudad, sin tiquet ni nada. Recuerdo que mis recuerdos son solo receurdos. Receurdo conversaciones con Assia, en su casa, con los críos reboloteando como moscones y ella fumándose un cigarro, o un porro, con los ojos cerrados... recuerdo mirarla y pensar, ¿Cómo puede? ¿Cómo puede con la casa, con los crios, el trabajo, tres continentes a sus espaldas y ese exmarido absorvente? Me mira y sonríe, habla en inglés, en francés, intercala frases en árabe y se calla el japonés. Tiene los ojos grandes, bonitos, la piel argelina y los rasgos muy lindos. tiene las piernas delagadas y lleva un pantalón muy corto, se sienta y se observa en el espejo de todo a cien que tiene delante. Aplica el tinte y me mira. Me habla. La escucho. De fondo esa música de guitarra.Assia cierra los ojso y se deja llevar. Sonríe. La ventana abierta y el aire que entra, sacudiendo el colchón que está allí, aireándose, el colchón que después caerá en el suelo del salón cocina, donde ella duerme... y gira las manos, el tinte sobre la mesa, y arranca las notas a la guitarra. Escucha, me dice, se halban, se responden. Sonrío y las lágrimas me vienen a los ojos y, de súbito, los niños, qeu entran con su pan au chocolat y sus gominolas. Me paso allí horas. Pero el tren parte Y yo me voy con él. No se a donde, a austria tal vez, a jugar al boleibol, a ayudar a hacer una mudanza, a bailar una canción en una habitación semidesnuda, con techos altos y señoriales, puertas escondidas y un ordenador que despide las notas desde el suelo... y esa figura y yo, esa figura de ojos enormes, qeu no es assia, cantando con voz estridente y moviéndonos como niñas, como muelles... Y escuchar alemán. Y más alemán. Y escucho y empiezo a entender algo, solo un poco... entonces me voy y me pierdo en la montaña, allá arriba, en esa habitación, acurrucada entre las sábanas, comiendo pasta de noche, leyendo a solas, comiendo queso en ese bar cerrado, en mi dominio, bebiendo limonada, con gas, muy austríaco todo... ¿O estamos en Suiza? No receurdo. El sol viene e ilumina las montañas. Yo leo y como, en ese banco duro, firme e incómodo, envuelto en mis sábanas, mientras arriba duermen unos, y fuera, bajo las estrellas, los enamorados. Y yo leo y como. La gente, este donde este, no cambia. ¿Verdad? NadalMaría siempre se quedaba hasta las tantas. La descubríamos a la mañana, con el ordenador en las rodillas, en ese saloncito tan inglés con moqueta almohadillada y tierna, y muy sucia, mirando noticias en cualquier página web. De nadal, por ejemplo. A María siempre le encantó el tenis. Si cierro los ojos puedo verla, allí, con el sol recortándose detrás del patito de la ventana, con su cuerpo tumbado en el sofá, en el pasado, en mi pasado... puedo verme a mí misma escalando los escalones de madera, esquivando aquellos cachivaches con los que comerciaba la dueña en cuestión, aquellos masajeadores, por llamarlos de alguna manera, de tacto absolutamente gélido, de piedra, que vendía por sus buenos veinte pounds... total, luego los cambiaba por un laptop como el que había en el piso de abajo, abandonado, con las teclas mugrientas por falta de uso y seguro que los engranajes internos ya oxidados. Me levantaba y entraba en aquella cocinita, con la foto del Che Guevara colgada al lado de aquella estampa tan ortodoxa, esa virgencita con brillantes idéntica a la que compró mi madre cuando pisamos San Petesburgo... ¿O fue en Estonia? Ya no recuerdo. Solo recuerdo la figura de María, allí sentada, con los ojillos escrutantes fijos en la pantalla, una pierna sobre otra y esa tranquilidad que parecía venirle de serie... siempre he pensado que por dentro gritaba, maría, pero nunca llegué a hablar de verdad con ella, parapetada como estaba tras su ordenador, y Alex y yo hablábamos en aquel sofá desvencijado, comiendo galletas y queso y evitando que la monada de perro que nos acompañaba se nos echase encima. Mentira. Nunca se acercaba. Se mantenía a distancia y nos aceptaba en aquel lugar, su lugar, mientras nosotros lo invadíamos sin permiso... Receurdo un día. Me tocó dormir en la habitación de la niña, era una habitación fantasmal, con aquellos perfiles desdibujados en la noche... era una de esas habitaciones que antes pertenecían a la limpieza, a la servidumbre, digamos, pero que ahora, visto el precio de la vivienda y la calidad de negociante de la dueña, aquella mujer tan libre, tan extraña, llamada Nick, o algo así, pues se había convertido en espacio utilizable,,, y bien utilizable. No había un cajón que estuviera abierto a la misma altura. Cada uno a su manera, abiertos y desparramando sus entrañas ropunas por el suelo, por los muebles, por la cama. Abrí el plumas e inspeccioné mi refugio nocturno. Apestaba a humedad y a no haberse cambiado las sábanas en sabe Dios cuanto tiempo, Gélido. Me introduje con cuidado y cerré los ojos... recuerdo qeu el sueño me llevó pronto, mientras, esta vez con mis ojillos, observaba los pasos de los escosos transeúntes deslizarse por delante de aquella ventanilla diminuta expuesta al agua torrencial que caía... Pero siempre me levanaba como nueva, exulstante, desayunaba con Alex, con maría, había algo en todo aquel laissez faire que me gustaba, aunqeu la experiencia solo tuviera el placer de repetirse un par de veces... sin contar el par de viajecillos que hicimos. Nuestas voces resonando en mi cabeza, en aquel paso de cebra en Brighton, con el lalalalala de miki, felices, jóvenes y hartos de aquellas piedrecitas que formaban la arena de la playa inglesa, de las costas de la pérfida Albion. Pero María, qeu allí en Brighton durmió en el suelo sin queja alguna, nunca dormía, siempre su figura en la noche, en vela, con su ordenador y su mundo interior, Era nuestra diva. Me pregunto que hago aquí despierta... ¿Imito a María... o solo recuerdo? A lo mejor, y solo a lo mejor, es que no podía dormir. |
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