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11月29日

tontería

soy incapaz de dormir, estoy completamente despierta, alerta, como un reloj que va marcando las horas y me mantiene en vilo, con los ojos abiertos y cansados al borde de un abismo inconcreto y concretísimo. soy maleable, soy loca, alocada, romántica, idealista e insomne, soy un ser humano que hoy mismo desbarraba sobre la masa informe que camina y se divide en individuos con capacidades dislocadas, fragmentadas, diferentes a la mía.
soy y eso me basta.
soy y estoy aquí
soy incapz de dormir
soy y caeré rendida en breves
no torturé ya más al tiempo con mis versos dislocados e idealistas, qeu marcan con sus neuras mis pasos por terrenos nuevos, frescos, y tiernamente conocidos...
ya no soy. ya no soy. insomne. ahora, por fin, puedo dormir...
y pletórica, exultante, vibrante como una cuerda, me siento tonta por sentirme así
11月28日

memoria

Porque el hombre no es más que una máquina de recordra y de olvidar que camina haca la muerte. Y no digo esto con tristeza porque también es cierto que la memoria, disfrazándose de vida, convierte la muerte en algo sutil y tenue.

Enrique viLA-mAtas

dolor

Sufrir es poner en alguna cosa una atención suprema,

monsieur teste

El dolor es algo intrasferible, es una especie de medallón sagrado que guardamos en nuestra cómoda, en nuestra mesita de noche, entre nuestras sábanas. Incluso cuando creemos oír el rumor de risas infantiles resonando entre los pliegues de las mantas, sabemos que el dolor aguarda agazapado como una trampa bien montada.
Los pedazos particulares a los que  nos deja reducidos no los puede soldar nadie... si no nosotros. Incluso así, es una tarea dura, típico de estos ociosos burguesitos que somos, con tiempo para comernos el coco.
El dolor es indiviudal e intrasferible...
me duermo, adiós.


Sin comentarios

    REAL  ACADEMIA  ESPAÑOLA
    DICCIONARIO DE LA LENGUA ESPAÑOLA - Vigésima segunda edición
 almizcle.
(Del ár. hisp. almísk, este del ár. clás. misk, y este del pelvi mušk).
1. m. Sustancia grasa, untuosa, de olor intenso que algunos mamíferos segregan en glándulas situadas en el prepucio, en el periné o cerca del ano, y, por ext., la que segregan ciertas aves en la glándula debajo de la cola. Por su untuosidad y aroma, el almizcle es materia base de ciertos preparados cosméticos y de perfumería.
□ V.
cabra de almizcle


Real Academia Española © Todos los derechos reservados

11月26日

Reflexiones


La literatura es una concatenación de metáforas. Metáforas eternas, metáforas llenas de artilugio, de vida, que reinterpretan en un código propio y creativo lo que la realidad nos muestra, esa realidad pretendidamente objetiva. La litaratura es la reformulación de la realidad percibida en un código secreto que consiste en un sinfín de comparaciones y enlaces mediante artilugios lingüísticos que nos permiten tejer túneles subterráneos, túneles   que conectan los distinitos elementos de la realidad en un afán de otorgarle un sentido.

La literatura, desde un punto de vista menos estrictamente lingüístico, es pasión. La poesía es la expresión de la pasión en un estado puro, sin cintas, sin adornos, sin estructuras rígidas, por mucho que pueda parecerlo. Y es que se cree que la poesía es un corsé apretado dispuesto sobre las frases, para que los autores, personas frívolas y aburridas, ociosas, dispongan sus sentimientos de forma linda y bonita, como en un cuento de niños, pero más complejo.
Menuda mentira. Eso sí es frívolidad, juzgar así, sin acercarse, y lo dice alguien que siempre pensó en la literatura como en algo cursi, ornamentado y con olor a nenuco. O a chanel número cuatro, os dejo la elección de vuestra mano. Lo dice alguien que no dudó en abandonar el libro de poesía que ganó en un concursillo literario en el cuarto olvidado de un país sin nombre, y se llevó en su lugar un libro que valía menos que su precio, veinticinco peniques (país no tan olvidado). Manía mía la de comprar libros baratos en lugares extraños, leerlos y abandonarlos... pero me pierdo.

La poesía. La poesía es una ruptura de cadenas descomunal, descontrolada, un negar el intelecto, cuando el autor siente que todo intento de amansar las palabras es nulo, cuando tiene una ansiedad dentro, una angustia o un deseo de expresión que no alcanza a conducir por un cauce determinado de frases tejidas según bases lógicas, entonces recurre a ella. La poesía le marca el ritmo, es un ritmo que sale de dentro, es un ritmo que se impone a esas cadenas pretendidas de estructuras que la gente cree ver... solo ven la cáscara,  y, cuando lo intentan (el escribir poesía), empiezan del revés, contando las sílabas. Así no se llega a ningún lado, contando sílabas y haciendo versos de recuento perfecto, solo sale una manzana podrida. Bella por fuera, intragable por dentro. Deplorable. Por eso cuando leo poemas de poetas que alguien perteneciente al grupo de gente de antes consideraría basura, porque los versos son culebras sin orden ni concierto, libres como sus palabras, siento ese pulso interno arrastrar las palabras, siento esa pulsión, que no volición, marcar una pauta que sale de una emoción incontenible, y los verbos, las preposiciones, las normas sintácticas, se saltan... no para que rime, sino porque obecede todo a la emoción, y el lenguaje se repliega y se doblega a las órdenes del caos, a una anarquía absoluta de almas disolutas y llenas. ¿Contradictorio?

 Como todo.

Pero la poesía es un hueso muy duro de roer, es como si no estás acostumbrado a beber y te emborrachas de buenas a primeras... con nada. Es emoción concentrada en esas metáforas, en ese lenguaje propio que se emplea porque el usual no sirve a los prósitos de la emoción... no puede servir, y no porque sea mundano, es que, simplemente, no llega, se queda corto.

Y no suelo leer poesía. Leo prosa. Leer poesía me cansa enseguida, me cansa porque es como levantarme y tomarme una tableta de chocolatae: es demasiado contundente, pesado, como una piedra inmensa, concentrada, sin despercidio, pastel... muerte por chocolate, de Thortons... creo que algo así, aunque nunca lo he probado...

Eses es otro tema, ¿Es vanidoso hablar de lo que nunca se ha hecho, de lo que nunca se ha probado? ¿Es no haber experimentado no conocer? ¿Hay formas alternativas de conociamiento aparte de la experiencia directa? Los más empecinados dicen que no, stubborn o tozudo, ellos dicen que si fuera de otor modo todos nos podríamos sentar tan anchos en nuestras cómodas mansiones (es un decir) y asimilar información por fuentes alternativas. ¿Lecturas? Qué risa, si yo solo leo literatura... ¿Y usted, milord, qué lee usted, manuales de física cuántica? Yo de neutrinos no sé nada, y desde que me enteré de lo de los positrones renuncié a entender nada... de nada, ¿No se suponía que los electones tenían cargas negativas, no es un poco rebuscado buscar sus complementarios positivos? Para eso ya están los protones, digo yo. Claro que también se supone que el átomo es indivisible, y mejor no nos metamos en tejemanejes de quarks, que no es el día...

Sí, milord... y ahora, siguiendo el fragmentado hilo que ahora retomo, redundancia suprema la mía, le diré que literatura en prosa es un género más abierto en el sentido que sigue: es más cerrado. Esto no es contradictorio, escuche usted atentamente, milord, lo que yo le digo... es más cerrado porque el intelecto juaga un papel reconductor de las emociones... los grandes genios de la literatura ( y genios a secas) comprenden en sí mismos una cantidad de datos ingentes, que conjugan literariamente ( no genios  a secas) de manera que intelecto como materia aportador de substancia e intelecto como forma como moldeador de la emoción materia, se juntan y dan una novela, excelsa novela, como puede ser... cualquera de Tolstoi. Información,  crítica, facilidad de palabra y... bueno, tiene que haber la gota de emoción, la gota no, el cuenco, la olla del cocido, sin desbordar, porque si no sale una pasta espesa pero sin ligar, una pasta reseca y quebradiza, como lluvia plomiza, que cala pero no llega a calar en el sentido emocional del término. Se nos olvida lo leído y nos cuesta pasar una sola página. Curioso, pero es así... (hablo de novelas en un sentido clásico y semi-clásico, aunque también podríamos englobar ciertas corrientes modernistas -Susan Sontang, por ejemplo).

Me parece que por hoy ya he desvariado bastante sobre literatura, esto me pasa por leer libros que, de manera literaria, hacen literatura hablando de literatura. ¿Ridículo? ¿Actitud parasitaria la mía? Ahorrémonos citas, no me he traido la maicena y temo que la salsa no espese como debe...

Buenas noches a todos. Hoy me siento con ganas de no decir nada sobre mi estado de ánimo. Adoptémos una actitud purament intelectual, milord, ya basta de literatura....  por hoy.



11月24日

olaaaolaaa

que fácil es hablar gratuitamente.
pero aunque no lo piensas,
mañana puede ser el día en el que
tu cuerpo se vaya ya metiendo en las olas
de otro infierno
llamado muerte.
11月23日

tal vez

Tal vez los depresivos deberíamos aceptar que lo somos y pasar a otra cosa mariposa, no perdernos tanto en el engranaje de nuestras propias tornas.
Tal vez.
11月18日

Arreciar

Hoy, hoy solo vengo para callar, para dejar de ensorder el paso con palabras.
Hoy, hoy escuché la lluvia, sabia a humedo, olía a humedad
hoy salí y mis pies eran de una espuma fina, como la de la cerveza
y mi corzazón rebotaba contra la yugular, con fuerza.

Hoy salí y ya no era nada, todo lo que había era humedad, y silencio

y el silencio de la humedad, y el deseo de captar las coasas en sí

amo el ensi como amo el sonido de la lluvia, esa metáfora tan gastada

tan vieja, que no por ello menos utilizada, que sirve para expresar

lo nuevo que vendrá después de la tormenta más terca.

La lluvia que no arrecia.

Me encanta. todos utilizamos mal esta frase, que no arrecia, decimos, que si espararmos que nuestras palabras la fueran a detener ( o puede que solo llenásemos un hueco en una historia hueca, en una conversación insulsa). Pero arreciar es lo contrario, es embestir con renovadas fuerzas. Arreciar es danzar, es llover a raudales, es una orgía de agua, y de música, y de gotas, en su orquetra.

No me daba cuenta de lo mucho que echaba de menos el olor a agua.

Seguramente tú también, Adrián, por eso me extraño tanto que, a pesar de los quilos de grasa ganados, te cubrieras con jerseys, dando paso a una derrota que estaba latente, y ahora manifiesta. La de la tristeza.

Recuerdo también que hoy salí cansada, pero satisfecha. Sumergida en ese no parar de servir, recoger y fregar, llega un punto en el que te abstraes, en el que tu cuerpo cumple una función más allá del respirar, más allá de ser un resorte muerte, inánime.

Pero no me pondré a desvariar sobre eso.

Me encanta el olor a lluvia, el olor a renovado, el olor a limpio, el olor a lejía en mis manos caundo me duermo, agotada, tumbada sobre la almohada, con el rostro tendido en mis manos, y esa sensación de que la indifirencia no es, ni puede ser, una parte de mí.

Tuve una charla, interesante charla que no arreciaba, que era todo culmen, una especie de orgía, como la del agua, en un lugar extraño, entre desconocidas.

Hablamos y nos enfervecimos, como solo hacemos los jóvenes estúpidos, los jóvenes pedantes, los jóvenes, en definitiva.

Ella hablaba y yo hablaba, hablábamos rápido, hablábamos bien y de algo.

¿Es la indiferencia, real o fingida, la única respuesta? ¿Es la sociedad un trastero de prejuicios disecados? Hablamos mucho, pero no demasiado, y ella se detuvo, y dijo: puede que mañana me arrepienta. Sonreí, embutida en mi ropa diminuta, que mostraba al frío mis verguenzas. No has dicho paja, pero era pertienente. Sonríe y su cuerpecio parece crecer con ella... me da la mano de una manera muy particualr, y la mirada es breve, porque en este caso nuestras palabras son, en sí, ensí, suficiente.

Y camino bajo el frío y las estrellas, luciendo mis verguenzas, no todas ellas, claro, y los tacones resuenan, y bajo sola, bajo, y bajo, y el ipod reproduce mis pisadas. Y llego y hablo, y me despido con un apretón de manos.

No sé si lo soñé, si fue verdad, no sé si solo pretendo salvar mi pellejo de críticas indeseables con este último comentario, no sé si la lluvia seguirá tronando contra mi ventana, no sé ni siquiera si Adrián se acordará de la lluvia que mojaba su cara, y su chupa de cuero, y sus ideas, que, a remojo, tal vez esperaban algo.

tal vez, y solo tal vez, mañana a la mañana yo ya no vea marañas de platos con hendiduras que alguien alguan vez trazó, inventó, ni encimeras replegadas para evitar que el agua se deslice y manche con su húmedo beso mis zapatos nuevos. Puede que mañana no me sorprenda al ver un socavón en el suelo, puede que mañana vuelva a caer sobre la almohada para no levantarme ya más, o puede que me muera. Puede que, en definitiva, lo que soy, lo que seré, lo que fui, deje de obsesionarme tanto, puede que llegue a dejar de verlo todo como una amenaza, o un oportunidad de saldar cuentas con la herida que mano, muy lenta, dentro de mí.

La lluvia ya se ha ido, y no, no ha arreciado, simplemente, se ha ido. Huele a limpio, huele a nuevo, huele a creer que uno puedo volver a construir, pero creerlo sin haber estado dispuesto a limpiar el almacén del trastero de los sueños, es ingenuo de por sí.

Un camibio son muchos días, son muchas horas, son muchas tormentas, son muchos vendabales que no arrecian nunca, porque siempre están arreciando, para que siempre, por siempre, huela a limpio sobre mí.


PD: y ella dijo: nitzsche era un ingenuo... no se puede aspirar al superhombre, se puede aspirar a la indiferencia.
Auchhh

11月17日

pompas

La verdad y el error, la certeza y la duda, no son sino palabras
huecas como pompas de jabón. Irisadas o grises, esas burbujas son
la imagen fiel de nuestra vida.

omar khayyan
11月16日

Los platos tienen una hendidura... fascintante.

Dije aut of order porque los últimos post no me gustaban nada. Me estaba yendo, me estaba disolviendo en la conciencia y ya no primaba el escribir, el escribir para ensordecer la marcha, y no escuchar nada más que tus palabras distrayendo tu conciencia... por eso publico esto, por eso y por nada, porque aunqeu sé que si tuviera dos dedos de frente estos poemillas primerizos y en pañales, como yo digo, me los callaría, ahora prefiero ponerlos, y que se queden como colgajos inertes en la red, expuestos.


Y a veces la pregunta, ¿Por qué?
 Y mi mofa, que me giro,
 que me escondo de su alegre cantinela,
 la de aquello que me lleva,
 ineludible preludio, a la soledad más negra,
 aquella en la que tu cuerpo no es tuyo,
la soledad en la que permaneces
 cuando ya no tienes lágrimas que llorar.

 Por eso temo las lágrimas, cuando surgen sin razón,
porque ellas son el anuncio de un mal mucho peor,
 la indiferencia absoluta,
cuando tu cuerpo flota, inerte, en la bañera,
y el posesiva se desvincula,
y con él esa sensación de los miembros,
que chocan y flotan, y son parte de ti.

Ahora ya no. Ahora solo hay conciencia,
 y la conciencia está demasiado cansada
como para pregutnar nada.

La conciencia pregunta, es cierto,
pero no se molesta en dar un paso al frente
 porque no tiene piernas.

La conciencia no llora,
 y los rasgos se van tiñendo de la ambivalente verdad
 del saber que no se sabe nada.
11月13日

ooo

out of order

CarmíN

Hay noches en las que se deja caer, como un peso muerto, sobre la arena. Ya lo he dicho muchas veces.

Hay noches en las que su sonrisa es una mariposa, y tiene alas, alas que vuelan y la conducen entre trincheras que nunca llegará a tocar, en las que nunca se hundirá.

O eso cree.

Luce su sonrisa esmaltada, las comisuras tiran de sus labios hacía arriba; una parte que tira del todo, que conduce los pensamientos por donde estos deberían de circular.

Hay noches en las que la risa lo es todo. La risa rompe el hielo, la acerca a un mundo que parecía de acero, y le permite comunicar la dicha que le produce estar. Estar. Solo estar.

Claro está, no lo piensa así, no lo expresa así, son las comisuras las que tiran de sus ideas y las llevan al galope por maizales escondidos en los que es libre para corretear entre ellos y hundirse en un mar de mazorcas que parecen no tener fin, colgando sobre su cabeza, alrededor de sus brazos, a la altura de su sonrisa esmaltada de carmín.

Y hay noches en las que el peso muerto es un peso vivo, noches en las que se hunde en una orgía compartida, en las que los besos, las caricias, en las que el sudor, la sangre y los silencios conforman el tapiz que esperó tejer cuando salió, vestida, engalanada de noche, buscando entre las mazorcas la fuente de su sonrisa esmaltada de carmín.

Pero la sonrisa no tenía fuente. No era una caricia robada, ni regalada, no eran besos en un motel, no era el frío de la noche que penetraba por su falda, empezando por ahí para seguir trepando hasta sus mismas entrañas. No era el eco de sus pasos, acompañados por esos otros que solo tenían de grave la sonoridad opaca de su contundente roce contra el suelo, y la voz de las botas que entrechocaban con sus tacones, de cuando en cuando, en un juego divertido, en un juego peligroso, que acabaría con ellos desnudos, sin botas, sin tacones, sin faldas ni mentrias, robándose aburrimiento, dándose a un ocio eterno, a un ocio efímero.

Os equivocais. Ese no es el final. Cada momento tiene su lugar, su instante, prendido del espacio, aguardando poder consumarse.

Hay veces en el que es el primero momento, en el que la postergarlo haría que el carmín se corriera, y las arrugas contrajeran las comisuras de los labios, y la falda se plegara, y  que la noche ya no tuviera el estímulante frío que guíaba sus pasos hacia ninguna parte.

Esperar solo marchitaría el momento, y los momentos son demasiado preciosos como para dejarlos escapar entre los pliegues ocultos del mundo posible.

Hay veces. Hay veces en las que hay que esperar, en las que precipitarse no sirve de nada, en las que el carmín es de cristal, porque no existe. Hay veces en las que el futuro es un laberitno en el que no sabes si eso que temes y añoras sucederá, o permanecerá en el camino que nunca vas a tomar.

Los labios están rojos de ansiedad, y se deshacen como gotas de rocío, cada día, para poder volver a surgir entre los mazorcas, con la frialdad de la noche, en esa sonrisa que permanece latente, esperando su momento, el momento de eclosionar y lucir al mundo su cuerpecito ya maduro, ese capullo que por fin se decidió a rebentar.

No hay momentos. Hay veces en las que el momento se pierde por el camino, y giras en círucols y no en espiral en medio del campo de maizales, olvidando que la espiral es la única forma que tienes de salir del laberinto de tu propio pensamiento.



uno no dice, uno actúa (contradicción interna, el acto de decir es... un acto?)

Reordena, Viene la novedad. Ocupa, no ocultes. llena, descifra y clasifica en función de/atendiendo a lo nuevo.

¿En qué momento la información pasa a formar parte de lo que somos, de la forma en la que percibimos el mundo?

Hoy no voy a escribir. Me ato la lengua con una mortaja y cierro el portátil antes de que se me desboque el caballo.

Saludos al mundo. Xaus.

11月8日

spin

No gires en círculos, gira en espiral.

J'arrive pas... a tranmitir eso, precisamente eso.

Algarabía sin dirección que penetra en una calavera ciega.

Luego, el silencio,

y el agua que viene y tapona los oídos, y un instante, que se sostiene en una patada hacia el fondo, hacia arriba, y el  empuje que propulsa el cuervo de la calavera viviente, muy fuerte, hacia la superficie. Desde abajo la escena es de submarinista: figura perfilada contra la superficie, negra, opaca, a contraluz, miembros que revolotean en un instante y, para rematarlo, el túnel que conduce a esa luz fulgurante que brilla más allá del aire.

Fracaso estrepitoso, no soy capaz de transmitir lo que busco... es esa sensación en el que solo está la soledad, no, disculpen, en el que la soledad es una ilusión ilusa, y solo hay compañía inncesaria en un lugar del todo.

Y sacas la cabeza, dos bocanadas de aire enran en tus pulmones. Los ojos cerrados sienten como las gotas resbalan por los párpados. La luz se transparenta, el nervio la acusa y la transmite, una sacudida y el pelo se seca. Viene ahora el cegador impacto de los rayos, y la nada.

Solo dos segundos, una brazada, una patada, dos bocanadas, la luz, el agua, el silencio, la soledad alada y un lago inmenso en un lugar inmenso, o una playa inmensa en la que las gaviotas trinan y no croan.

Y luego, la nada. Esa risa que viene, que te sale del vientre, que contrae el abdomen, que sale cuando ya nada importa.

Y nado, sola, y mis pies son aletas que tocan, solos, la húmeda y aterciopelada superficie del mar. Todo es superficie en contacto con la piel, y la piel se funde, y se va, y el sol deja sus rescoldos ardientes en mi cara cuando ya navego, lejos, por las aguas..La conciencia me toma, y con conciencia no se puede escribir nada, por eso dejo que esa puntita que llegué a trasmitir cale, y que cierren los ojos, y que sientan el sonido que llega cuando la cabeza rompe el agua, en ese insante en el que la inmundicia no existe, y el mundo es un lugar bello, y tus brazos en jarras te propulsan sin movimiento hasta ese lugar extraño y cierto en el que el alma se fundió y desapareció con el cielo.

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11月7日

posos

Creo que me vengo a dormir aquí por eso. Por el frío, ese frío que te cala, que te despirta en medio de la noche, entre espasmos y sobresaltos, y te hace dormir con la manta echada sobre la cabeza, creando una burbuja protectora que te aisle de la hiriente frialdad de afuera.

¿Recuerdas como revolvía los posos, y como te hacía caso, y me metía aquellos granitos de manzana, cachos ínfimos, cocidos, en la boca? Y luego venían los otros grantios, esta vez indescifrables, que iba chupando con la tranquilidad que me daba saberme bajo tu protector consejo.

Qué fácil era seguirte, qué fácil era obeceder y actuar de madre protectora a un tiempo.

Qué facil es sentir el frío aquí, y sentir los pezones crecer bajo el chándal que me da calor, impidiendo que el mío propio se disperse y se aleje en un intento vano e irracional de caldear el ambiente.

No tengo suficiente energía para eso. Mejor taparme, impedir que escape, crear un iglú perfecto, y leer escondida de todo, en el centro mismo del cosmos, de mi cosmos.

Disfrutro con mis jugarretas. Disfrutro mucho riéndome y en ocasiones peco de soberbia. La soberbia hace que me relama los labios, coqueta, y los limpie de la sangre coagulada que las dudas imprimieron en su suave superficie de piel sin huella.

Disfruto con ellas, y solo se va la soberbia cuando la naturaleza se presenta en forma de cuadro, en forma de foto, y me da con un canto en los dientes para recordarme que su poder es ilimitado.

No me siento insignificante entonces; es entonces cuando crezco, y me ensancho y ocupo el espacio que antes ocupaba el aire. Es maravilloso saberse parte de un mundo tan perfecto, tan poderoso, tan omnisciente.

La foto es una cualquiera, una foto de dentista, un oleaje impresionante, olas que se deboran faros inocentes, faros que desafían y se acongojan, pero que no reculan... y yo pienso en la persona que, desde dentro, siente tronar el silencio, y siente sus pasos retumbar en la frialdad de una celda, y el mar, fuera, clamando espacio, reclamando ese territorio robado sin diálogo.

Y me abren la boca, soy yo quien la abro. Aprieta y apreita y, de fondo, una canción que suena, una canción que me recuerda al trabajo, una canción que escucho día tras día, hora tras hora. Quiero decirle que me duele escucharla, que chirría en mis oídos, que, por favor, la cambie, pero lo único que me sale es un gemido resultado de un movimeinto que en mi boca retorció los pilares que amasan el sustento de mi cuerpo (básicamente, mis dientes, mis muelas, mi boca en su conjunto menos perecedero).

Pienso en la cantidad de veces que he agarrado el cd, y lo he escondido entre los otros, para colocar otro en el hueco del reproductor, y cruzar seguidamente los dedos, esperando que nadie lo cambie, que nadie lo eche en falta.

Pero estar acostumbrado a algo implica echarlo en falta si se ausenta.
Supongo que por eso siempre vuelve a sonar y que, en caunto me descuide, volverá a hacerlo.

Pero si a lo que estás acostumbrado es a la ausencia, ¿Puedes añorar la presencia?

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No se me ha muerto nadie.



11月5日

Discursillo de pacotilla

Borro y vuelvo a escribir. Borro y vuelvo a empezar en un intento de creerme que realmente eso es lo que estoy haciendo.

Renunciar a mis obsesiones es un precio muy caro a costa de la felicidad, una felicidad que ni siquiera está asegurada.

Y yo me digo que hay que estar dispuesto a ganar para ganar, y a perder para ganar, y a perder, para perder.

He leído muchas palabras, muchas sílabas, muchas cosas, y muy pocas cosas. La medida se rige en función del lector medio, y el lector medio, por desgracia o por gracia, no es lo que se diga una maravilla en lo que a avidez lectora se refiere.

Pero hay palabras, hay palabras que se me han quedado más pegadas al paladar que otras; son aquellas que me incumbían de manera directa o indirecta; esto es, que incumbían a alguien que me importaba.

Ese alguien es alguien del que no debo hablar. Diría que he perdido mucho tiempo hablando de él, pero no sería verdad.

Diria que ese tiempo ha sido una inversión dañina que a largo plalzo me reportá el beneficio de saberme a salvo de relaciones inexistentes, fantasiosas y, por supuesto, intachables.

Obsesiones. Obsesiones que se pegan al paladar, letras que se pegan al paladar, palabras bien ligadas como tú ligabas con todas aquellas que se te presentaban.

Y si juzgas la humanidad probando todo cuanto se puede probar, desoyendo las enseñanzas, que para algo están, y te crees con el derecho a juzgar, es que no has aprendido nada.

Yo tampoco. Yo me he eximido de la responsabilidad manteniéndome al margen, y no soy más inocente y menos culpable que tú por ello.

Por suerte la culpa carece de importancia, lo único que hubo aquí fue una enseñanza, una enseñanza que todavía está por germinar. Al igual que con la comida, me esperan años por delante en los cuales solucionar las deudas que uno adquiere con conductas malsanas reiteradas hasta la extenuación resultará más que agotador, habrá recaidas y éxitos, habrá progreso, habrá cambio.

LLega un punto en el que son parte de ti, y renunciar a uno mismo no es una tarea fácil,

Pero el ocio del que disponemos nos hace engrandecer, con grandilocuentes palabras, aquello que, en otras circunstancias, no sería más que una montaña rayana la obscena vejez de la erosión más pertinaz y ensañada.

No me digan que no se pueden juntar dos palabras como éstas. No me lo digan porque estoy cansada de juntar palabras y no llegar a nada. Siempre las mismas liadas alrededor de mi muñeca, como un castillo de naipts construido con una baraja ajada por el paso del tiempo y por el uso, y cuyas fichas son cuentas contadas, bien sabidas, que no ofrecen nada innovador, y que te encierran en tu propia prisión.

NO estoy curada de mi obsesión. Mi vida es un cúmulo de obsesiones que vienen una tras otra. Y si vienen, es porque yo las busco. Solo vemos aquello que tenemos dentro, y el restro se queda flotando en la maraña informe de la realidad posible que nunca llegamos a tocar.

Y si tiendo los dedos cuando paso al lado de una valla, una alambranda o un muro, como tú me enseñaste a hacer, es para romper la jaula de cristal que me mantiene presa en mi baraja, tan conocida y segura, y tan frágil.

Es extraño escribir en voz alta. Decir y esperar a que tus manos tecleen, sin prisas, aquello que retumba, como un eco perdido, en la cueva de tu mente, asfixíandote, liberándote, condenándote a encarar de frente lo que antes se hallaba en lo más hondo del almacén más siniestro, en una mazmorra húmeda y viscosa que tenía la apriencia de un dragón viejo, un dragón de piel fuerte y agresiva,  y de aliento potente y picante, pero de ojos hastiados y pasos lentos, caminar perdido en la soledad de siglos de tormento.

Y que fácil es hacer metáforas, qué fácil ocupar mi tiempo aquí. Me digo que enfrento algo, pero miento, Solo me ocupo con algo, y evito así plantarme cara al silencio que se impone cuando ni las teclas marcan con su ritmo constante la soledad del instante que se vive cuando ni un alma te ronda y la tuya está enjaulada en la mazmorra del castillo del dragón color magenta brillante con tintes de polvo espeso sobre la capa de escamas que se deshace, cual yeso, al contacto de la pared húmeda, de piedra, del muro de eses lugar al que nadie tiene acceso.

Hablo a otras personas porque así es fáicil. Es fácil aconsejar. La teoria es fácil. Es fácil ocultar, solo hay que ser un poco hábil, y todo es en sí un fluir manso hacia ese lago en el que los peces siguen el ritmo que tú les marcas, y las ondas se dispersan, se disgregan, por la superficie, y rompen con sus ondulaciones la calma que parecía reinar en ese lugar sagrado en el que resposa, escondida, la razón que nunca será reveleada.

Y pienso en ti, claro que pienso en ti. Has sido mi obsesión, y como toda obsesion, hablar de ti es una expresión de mi propia obsesión, como toda obsesión, obsesiona, hasta que nombrar la obsesión harta a quien se obsesiona y deja de tener razón de ser, y se hunde, se hunde, hasta el fondo de la tierra.

No estoy recuperada. Sigues ahí, nunca desaparecás, ya no más. ¿Cómo olvidar tus palabras, cómo olvidar tus charlas, cómo olvidar tu mente? Lo que pasa es que yo creo que hay relaciones que no vale la pena vivir, incluso cuando muy adentro quieres que tu vida sea una aventura peligrosa, y que se mantenga en ascuas, pendiente de un hecho que te renueva la esperanza y te lleva como a un perro tras un hueso por el sendero espeso de ese monte de maleza encrespada, en el que tú vives solo con tus metáforas.

Cada persona es un mundo, una ciénaga muy espesa, es un lugar indescifrable, en el que todo, absolutamente todo, es posible. Una persona es algo y es alguien, es acto y es potencia, es ser y es no ser. Una persona es metáfora en sus palabras, en su lago de peces que seguirán sus piedras de ondas hirientes si son capaces de manipular como un Dios aquello que no eran más que organismos tranquilos en un lago sin piediras ni ondas ni gente.

Las metáoras son difíciles de entender para los autistas. Son complejas, como los refranes y las frases hechas. No es algo analítico que podamos reducir a una ecuación concreta. En ocasiones, cuando el sol se mete, caundo me quedo con mis susurros en esta noche en la que solo la luz eléctrica ilumina mis ojos legañosos, desearía que todo tuviera una respuesta, que las matemáticas y la físcia vienieran a rescatarnos y dejáramos de boquear en una atmosfera que es tan densa, tan sofocante , que nos ahoga si no aprendemos el ritmo que requiere aspirar su aire, la inspiración de su vida, de su aire, de su oxígeno. Adaptándonos.

Si publico esto es porque estoy de acuerdo con Millás en que el pudor y el orgullo social derivado de ese pudor, ese miedo a ser juzgados, a que nos apaleen y nos tachen de depravados, de poco decorosos y de maleantes sin sentido, no tiene razón de ser tampoco.

Y mira que todo tiene razón de ser. El teclear, el sonido de mi cadena sobre la mesa cada vez que mi muñeca se balancea marcando el ritmo de mis palabras, de mis palabras hurtadas de otro, de tantos otros, durante tantas horas que le robé a la vida...

Es importante el aire que se cuela por mis fossas nasales, y que me ahoga y me rejuvenece y me proporciona la paz del latido de mi corzón, acompasado, en esta soledad sana, sin depresión, sin angusitia, solo cn lágrimas y labios agrietados y secos.

Podría decir que todo esto es mentira. Podría, claro que podría. Podría llenarlo todo de ironías. Podría, claro que podría.

Podría contaros un cuento erótico que llamase vuestra atención, con tensiones y manos que palpan y saborean una nalga hundida en un colchón con sábanas de seda, o tal vez las miradas de dos enamorados que se cruzan y ya lo dicen todo, sin palabras. Podría, claro que podría.

Podría callarme todo esto; pero es mi ego, que boquea, y son mis manos, que teclean, y es mi obsesión, contra la que lucho y a la que me entrego.

Uno nunca sabe hacia donde irán las cosas. Lo único que sé, yo, como individuo, como persona, como mujer, es que vaciarse es muy arriesgado, porque nuestra sociedad no está preparada para la sinceridad.

A un niño que pregunta por qué fairy se llama fairy no se le respnderá: no lo sé, cariño, puede que sea poruqe fairy es hada o porque limpia de manera justa o porque suena bien, no lo sé cielo. A los niños se les calla. Y los ojos se van yendo, poco a poco, y luego ves el alcohol, que los diluye todavía más...

Pero que es fácil es juzgar sin haber sido nunca madre.

Ahora cierro los míos. Detengo las lágrimas sin firmeza, las detengo porque no hay motivo para que salgan fuera. Y esto, también, es aprendido. ¿Es que todo tiene que tener un motivo?

Me da mucho miedo publicar esto, no estoy segura de que lo vaya a hacer. Me da miedo que alguien lo lea y se ría. Eso sí que es gracioso, mi miedo infundado, o fundado sobre los pilares de mi ego.

Esto va para ti. Eres mi obsesión, aun tienes esa categoría. Tú tienes las tuyas, peronas o cosas, no me lo vayas a negar ahora. Y tú, y tú también, y todos los pobres patucos que leeis esto.

La sinceridad es cara. Es muy cara y nada cómoda. El miedo es una moneda muy cara también, y la gente teme poseerla, por paradójico que esto parezca.

Yo estoy en mi jaula, mi jaula de mármol, mi jaula de mazmorra emponzoñada, pero al menos tengo la seguridad de que está conmigo, de que nunca me abandonará, la soledad.

La intimidad es un tema que no quiero tratar. Ahora que lo pienso, tenía razón algien que me dijo que los hombres buenos son, al fin y al cabo, aquellos en los brazos de los cuales acabamos las mujeres que salimos escaldadas de nuestras propias adicciones destructivas hacia atormentados.

Y yo aún no he sanado. Yo lo sé, y es de las pocas cosas que sé.

Sé tambien que siento, y que esa ecuación era un sueño. Que por muchas líneas que trace, por muchos mensajes que mande y gente a la que ate, o personas de las que huya, nunca llegaré a ninguna parte, porque el único sitio en donde tengo que estar, es quí y es ahora, sin perder la conciencia de la posibilidad futura de un mañana que, espero, existirá.


11月2日

Marea

Tumbada sobre la arena,
cuerpo a cuerpo en mi batalla
soñé que tenía piel, celo,
más allá de tu mirada

tumbada sobre la arena
cuando cae la noche, helada
pretendí que no oía el grito
de aquel que me llamaba
con voz de ángel caido
mientras ardía en llamas

Tumbada sobre la arena
la humedad, compañía eterna,
soñé que el sol se caía
y el mar estallaba con fuerza

Tumbada sobre la arena
juego mi juego de adulta
pretendiendo que la niña
se murió con la marea

Y esto lo escribo para que
se vea hasta que punto
se pude escribir ajena
a las palabras que salen,
furiosos esponsales,
cadenas sin unir,
de entre las redes zurcidas
por la cadencia de una melodía
que es toda mentira

PS: quiero que sepáis, mis queridos amigos, que está útima estrofa se llama: técnica de lavarse las manos, y se utiliza cuando uno quiere eximirse de la responsabilidad de lo escrito.